GARGANTA DEL RÍO MOROS. EL DÍA QUE AMAMOS LA BICICLETA
Escrito por: Jesus.A en Salidas mountainbike![]() |
| domingo, 31 octubre 2010 Garganta del río Moros |
Cuatro. Cuatro eran los biciocios que consiguió reunir la convocatoria del día anterior. Tras tensas negociaciones a través del foro, y después de cambiar el destino inicial. Se decidió ir a una zona conocida donde era posible pedalear sin salir de barro hasta las cejas.
La zona elegida, la garganta del río Moros. El lugar de encuentro, el bar La Terraza, cerca de la estación del Espinar. El día nos saludó gris, pero por suerte no llovía. Aunque un sola mirada al cielo hacia presagiar que esa calma no se iba a mantener durante toda la jornada.
El primero en llegar al punto de encuentro fue José Ángel, quien tuvo que esperarnos un cuarto de hora a que apareciéramos, Saro, Rebo y yo.
Nada más empezar a descargar las bicicletas, ocurrió lo inevitable. Sí, empezó a llover. Como Rebo, Saro y Jose.A ya tenían sus Windtext, dibujaron grandes sonrisas en sus caras, y empezaron a hacer referencias a lo guay que era y lo poco que se iba a mojar. Al servidor, como no tiene windtext, no le quedó otra que asentir y sacar su chubasquero de diez euros del Decathlon. Eso sí, era verde como no podía ser de otra forma.
El miedo a no llevar windtex hizo que me abrigara en exceso y desoí las sabias indicaciones del resto de bicicocios, que auguraban que iba a durar poco tan abrigado. Efectivamente, no fallaron.
Con todos guapos y engalanados, cogimos rumbo hacia la garganta del río Moros. Los primeros kilómetros de ascensión hacia la Panera discurrieron sin nada importante que resaltar, salvo por acordarnos de quienes se habían rajado, nada que no se haga en cualquier salida.
Conforme ascendíamos, el paraje en el que nos estábamos sumergiendo era tan bello que apenas intercambiábamos palabras. Nuestro único pensamiento era el de recoger con nuestra mirada todo lo que estábamos presenciando, para poder dibujar en nuestra mente, como si de un óleo se tratara, la belleza de lo que teníamos ante nosotros. El otoño tiñe esa zona con sus colores ocre, de una magia especial. Los olores nos embriagaban hasta acercarnos a la naturaleza para sentirla como nunca antes la habíamos sentido.
Al final, tuvo que llegar José Ángel para romper la magia del momento. – ¿Chicos, qué os parece si hacemos un track qué me he bajado y se mete por este camino de la izquierda?. Todos se dieron la vuelta para interrogarme a mi. Eso de ser el más blandengue te pone en la tesitura de ser tu quien elija cuando hay un cambio de planes. Yo, viendo en los ojos de mis compañeros el fuego y las ganas que tenían por coger la ruta de la izquierda, accedí a sus planes amablemente. Bueno, amablemente, no, proteste un poquito.
La idea de José Ángel, fue magistral. Si hasta entonces nos íbamos desenvolviendo por un paisaje mágico, el sendero nos llevo por una zona imposible de describir. El camino se hizo más estrecho, y los pinos comenzaron a cerrarse sobre nuestras cabezas como si quisieran hacernos el paseo triunfal hasta la cima. Decir que la lluvia, venía a visitarnos a ratos, para demostrarnos con su presencia, que nos apoyaba y que estaba con nosotros en el camino, para lo que hiciera falta.
La verdad, que esta ruta puede ser una de las rutas en la que más tiempo hayamos estado subiendo, pero poco nos importó.
En la primera parada que hicimos para el avituallamiento habitual. Rebo nos sorprendió a todos, sacando una exquisitez de su cartera. El pan de dátiles con frutos secos. El dichoso pan era un masa pegajosa imposible de pelar el envoltorio, pero con un sabor delicioso.
Lo malo es que después de esta parada, las cosas dejaron de ir tan bien como hasta el momento. Llevábamos unos pocos kilómetros después de la parada cuando empecé a sufrir incómodos dolores por ir con una bicicleta que no era de mi talla. La bici prestada de José Ángel también empezó a dar problemas con los piñones. No podía dejar de dar pedales porque si no, no enganchaba la cadena y daba pedales en vacío. Los pies empezaban a entumecerse y no se sentían los dedos. Menos Saro que llevaba escarpines, el resto íbamos pasándolo francamente mal, parando para dar paseos con fuertes pisotones y ver si entraban en calor. Por suerte, la lluvia no era intensa y en el suelo no había nada de barro.
Una vez alcanzado el punto más alto, comenzamos un suave descenso que nos hizo desembocar a pies del embalse del vado de las cabras. Por suerte, estaba lleno y la vista del embalse desde el pinar bien valía una instantánea para enmarcar.
Creíamos que desde este punto, y después de llevar unos veinte kilómetros subiendo, el camino iba a ser todo cuesta abajo, pero no iba a ser así. Jose Ángel nos sacó de nuestro error, pues todavía nos quedaba un rato más de subida para bordear el embalse del vado de las cabras y llegar al embalse de las tabladillas. Pasado éste último si que enfilaríamos el camino hacia abajo.
Hasta el momento de empezar a bajar, la ruta había sido perfecta. Dura, con buen ritmo de subida, sin muchas molestias climatológicas, etc, etc. Pero el descenso fue digno de una película de miedo. Mucho frío, las gafas se empañaban, teníamos que parar para dar palmas y que entraran en calor las manos. No veíamos el momento de llegar al coche.
Al final, como pudimos, y bastante reventados, acabamos desembocando en los coches, y lo primero que hizo todo el mundo fue cambiarse de ropa para entrar en calor. Bueno, todo el mundo no. Yo no había sido previsor y no había llevado ropa extra. El resultado, me tocó joderme con la ropa mojada.
Cargamos las bicicletas en los coches y Rebo sugirió parar en lo alto del puerto de los Leones para hacer el ocio. Era tarde, porque rondarían las dos menos cuarto, pero después de una salida tan intensa no podía irse nadie a su casa sin su merecido ocio bicicletero.
Parada en el bar que hay al coronar el puerto. Con unas condiciones de visibilidad nulas, todo el puerto estaba envuelto en una espesa niebla. Decir que nos apretamos cuatro caldos calentitos, con una ración de chorizo a la olla, que de golpe nos hizo olvidar los momentos malos de la ruta, y convenimos todos al unisono que era una de las rutas más bonitas que habíamos hecho.
Mención de honor a los chuletones que tenían en las vitrinas del restaurante. Nuestra imaginación comenzó a volar y empezamos a hacer planes para hacer una ruta de biciocios que empiece y acabe en el parking del restaurante, para luego poder disfrutar todos de esos chuletones que nos hicieron salivar.
Repuestas las fuerzas, todos para casa a recuperarse de tan intenso esfuerzo.
Nos hubiera gustado contar con la presencia de más biciocios, pero no todas las rutas pueden ser siempre perfectas.
Fdo. Jesús .A uno de los integrantes de los 4 magníficos.
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Aprovecho para poner el vídeo del campeonato de downhill en Taxco, Mexico.
http://www.youtube.com/watch?v=93UzcOVdYPM
Aquí os dejo mi vídeo favorito. Tanto por la música como por el contenido
http://www.youtube.com/watch?v=v3nkzjACUG4
Hombre Jesús, cualquiera que vea el título de la crónica, pensará que hemos hecho obscenidades con la bici. Yo no sé si tú …..; pero yo, no.
gran ruta en unas condiciones buenisimas para la practica del mtb

Saludos biciocios